Saber y hacer psicología

La psicología es ciencia, una forma de conocimiento, misterio, entretenimiento, arte, etc. Su espectro es tan extenso como extensa la ignorancia hacia ella. No existe campo de estudio del que más se cree saber, pues está íntimamente ligada a las personas; y como personas, damos por sentado que nos conocemos, o al menos, esa ha sido la idea.

miércoles, 15 de marzo de 2017

La doble moral y la nueva doble moral (primera parte)

Alguna vez me invitaron a una corrida de toros, no acepte, no me gusta la tauromaquia y no pienso que sea un arte. Sin embargo, la mayor razón de que no asistiera fue a causa de mi temor a que se me condenara por ello. Ya saben, uno está en un lugar, alguien toma una foto, la sube a una red social y de seguro me lloverían críticas duras, comentarios tácitos y, otros más intensos, hasta me la mentarían y me dirían que les he decepcionado.

                Hay cosas que en el mundo han cambiado. Temas como los derechos de las mujeres, la homosexualidad (y todas las formas de vivir la sexualidad), el racismo o la defensa de la vida animal, son hoy en día nichos de lucha activos. Muchos pelean desde lo público para ser y existir afuera de las sombras y con libertad. Otros apoyan a los primeros y creen en la defensa de sus derechos o creen en defender a quienes son seres vivos sin voz para defenderse. Aún hoy las heridas están abiertas, como consecuencia, cualquier opinión puede crear una explosión.

                La doble moral es un término que hace referencia a una visión de la vida basada en las “reglas de Dios”, los “valores”, las “buenas costumbres”, “el deber ser”, etc. Estos conceptos se siguen al pie de la letra porque así debe ser. Llegan a convertirse en tabiques que moralmente elevan a otro nivel a quienes los defienden. Su origen está muy ligado a la religión. Hablamos de generaciones que crecieron en un mundo donde los “dogmas de fe” tenían un peso central e impactaban en otras áreas como la política, la educación o la cultura. En la doble moral hay rigidez e incongruencia en diferentes proporciones, como los grises que existen entre el negro y el blanco.

La rigidez, es contraria a la flexibilidad. Es no moverse de un planteamiento a pesar de los cuestionamientos o contrargumentos que existan. Es creer a ciegas. En la doble moral, la rigidez de ideas es tal que el cambio de postura es imposible porque en las entrañas del discurso está presente el pensamiento religioso, es decir, lo que se defiende, de alguna forma, se vincula con Dios. Era impensable entonces, que alguien tuviera un mayor conocimiento que Dios Padre e impensable que éste se equivocara porque su palabra es ley, verdad última. Por ende, tampoco se cuestionaban a sus representantes o símiles terrenales: gobierno (estado), sacerdote (cura), padre (hombre o cabeza de familia).

La incongruencia es la presencia en un individuo de dos ideas o acciones que son, por su naturaleza, contrarias entre sí, se sea consciente o no consciente de ello. En la humanidad la incongruencia es parte de nosotros, no es algo malo. El error es pensar que, porque alguien tenga un punto de vista y por defenderlo, no puede cambiar su postura a corto, mediano o largo plazo. La frase popular bien lo dice, es de sabios cambiar. Yo agregaría que cambiar es adaptarse y adaptación es evolución.

La dificultad que tenemos para aceptar otras opiniones tiene su explicación en cada existencia vista como algo individual y único. Si a mí desde pequeño me enseñaron que los extraterrestres existían y un día vendrían por mí para llevarme a un lugar mejor, y esa idea fue reforzada a lo largo de mi vida, es algo que me define. Todo lo que soy y haga estará ligado a esta premisa. Si de pronto, un día me topo con alguien que me diga que lo que pienso es “ridículo”, mi reacción no podrá ser menos que golpearlo. Por eso en las reuniones científicas se ven esos acalorados debates, más que defender una idea científica o defender su trabajo, defienden su mundo y su vida.

Existe otro elemento que caracteriza a la doble moral y que forma parte de la incongruencia. Es el mecanismo más devastador presente en la psique de la humanidad: el ocultamiento. Ocultar es hacer invisible, mejor dicho inexistente, algo que sabemos que existe. Es como un acto de magia. Cuando se pone en operación, toda palabra y conducta hecha puede ser olvidada y escondida del mundo, ya no es, ya no está y jamás estuvo. Pero va más lejos aún. Su capacidad llega al punto de hacer, de quien lo usa, ciego de sus propios actos. Dentro del ocultamiento entran los mecanismos de defensa que son inconscientes, pero también, están las acciones conscientes, esas son las terribles y devastadoras. Un ejemplo lo tenemos en los casos de abuso dentro de la iglesia católica y toda la maquinaria de la que se ha valido para ocultarlo.

Hay dos formas en que la doble moral se da: En una vertiente, la persona muestra acciones o actitudes que son contradictorias entre sí, quien actúa no alcanza a ver, o no con toda claridad, la contradicción. En este caso hay una gran rigidez de ideas que no da cabida a otra opinión, ni al cuestionamiento. En su otra variante, la doble moral se presenta como una ideología que se vive de dientes hacia fuera y se hace intencionalmente. Se ejecutan actos opuestos a los que se pregonan, y en ello, no hay ni el menor reparo, ni la menor muestra de culpa o pisca de reflexión. Existe la rigidez, pero en gran medida es apariencia y su fin es la manipulación.

En quienes la incongruencia opera en mayor parte de forma no consciente, son personas que sus ideas las mantienen ferreamente y conservan su postura a pesar de ser refutadas con argumentos. Como quienes creen en las diferencias entre razas, pero olvidan que todos somos iguales antes los ojos de Dios. Lo que no da pie a hacer consciencia de la contradicción es la gran rigidez de sus ideas. Quienes son más que conscientes de su incongruencia actúan con dolo, alevosía y ventaja como el político que habla en su discurso sobre la corrupción y después se descubre su participación en actos de este tipo. Su fin no es defender un código de ideas, ni cuidar la moral, más bien, son vistos como medios para sus intereses.  

La revolución de ideas, gracias a la información y a internet han cambiado las cosas. Ello sumado a generaciones que viven un menor rigor religioso que sus hermanos, padres y abuelos (algunos lo llamarán crisis de fe), es lo que ha modificado la dinámica social. Temas que eran altamente condenados ahora se hablan, se debaten, se cuestionan y se piden cambios con respecto a la forma en que se manejan. Cómo se han movido las cosas ha originado un nuevo espacio en el cual el juego se juega: “lo políticamente correcto”. Un mundo donde se exige que se usen las palabras adecuadas, las formas apropiadas, evitando términos “peyorativos”, etc. Ante cualquier expresión que vaya en contra de lo políticamente correcto, emergerán voces voraces que lo acabarán.

El terreno de lo políticamente correcto es un mundo falso y de apariencias. Forma parte del nuevo mundo donde alguien puede postear una foto bonita para negar la profunda tristeza que vive. Donde una toma con el ángulo correcto, la luz adecuada y un fondo bien elegido, hace ver a una persona más delgada de lo que es. Un buen filtro nos hace ser otra persona. En lo políticamente correcto se cuida lo que se dice, pero para quedar bien, por la apariencia. De hecho al decir, en el inicio del artículo, que no iría a una corrida de toros es porque sería "políticamente correcto". Es bueno cuidar lo que decimos, pero cuidarlo solo porque nos conviene y no por una reflexión profunda sobre un tema, no es válido. Hace la acción no menos que una mentira.

Estamos en la época de la “nueva doble moral”. Donde nadie puede decir abiertamente que le caen mal las personas homosexuales pues ¿cómo es posible una actitud así? Donde nadie puede decir que ama la tauromaquia porque se le cataloga de salvaje, idiota, etc. Una nueva era en el cual, si alguien dice que no le son gratos los inmigrantes en su país, es atacado y acusado de xenófobo, es decir, se diagnostica y se etiqueta. Dentro de ello se descalifica pues ¡¿cómo es posible que alguien piense de esta forma en pleno siglo XXI?!

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